Mi pequeño monstruo

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Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.
Friedrich Nietzsche

Hay días que soy así, tengo sed, ansias, tengo un hambre voraz y no importa lo que pase nada... nada lo... bueno el sexo lo calma, si esos días en los que me siento poseso, son los días que “los demonios” me acechan, me dejo llevar, me relajo y me sumerjo en esos senderos, por veces oscuros y suaves, otras claros y penetrantes, creo en vivirlos ambos, los abrazo y me entrego a ellos, los conozco.
Hay quien sentirá miedo, yo lo hice, pero solo se vive una vez...

Fotografía: Hyrise

Tarde de domingo

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Donde brillan muchas bellezas no han de ofender algunas manchas,
de las que rara vez se escapa la naturaleza humana.

Quinto Horacio Flaco

Saben había perdido la musa y en la tarde del domingo, mi vecina se pego una tarde intensa de sexo, grito… grito… y grito… y más tarde se masturbo hasta llegar, es gracioso pienso, que si ella estaba dispuesta a satisfacerse, ¿por qué no lo hizo con él?, estuvo cerca de cuatro horas solo dedicado a ella, ese era su día sí ella hubiera pedido, habría obtenido todo lo que ella deseaba.
Se puede pedir por la boca o se puede pedir con el cuerpo, con gemidos o pequeñas caricias, recuerden que también nos comunicamos con el metalenguaje del cuerpo. Si aprendemos a pedir de esta manera, podemos enriquecer mucho nuestro sexo, haciendo juegos, compartiendo historias, simplemente conociéndose con caricias, siempre acariciándose hasta enloquecer.

Sin pecado, no hay culpa

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¡Qué pena que beber agua no sea un pecado! ¡Qué bien sabría entonces!
Giacomo Leopardi


Si es cierto, debo confesar que he conocido muchas mujeres en mi vida y creo que a todas las he amado, a su manera y todas han dejado su alguna marca. La pasión es una cosa mágica, nos enciende con ardor y es probablemente el mejor afrodisiaco que conozco.
Cuando deseo enervarme a mil, me encanta salir, bailar y tomar un par de copas, lo justo para exorcizar las inhibiciones, entregándome en el frenesí de la danza colectiva, encendiendo así las mechas de mi cuerpo, invocando el deseo.
La experiencia de hacerlo de esta manera, es increíblemente sexual, lleva el aire de deseos primarios, si a además le aderezamos, con ese deseo que solo algunas personas nos provocan, si han probado ese sexo, es que han probado el sexo de muerte, cada día vivo persiguiéndolo...


Fotografía: Leeni!

Besos de Ayer: parte 3

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Dejo que mi lengua camine su piel, saboreo el gusto de su placer, abandonando me a sentir sus labios contra los míos, probando su boca tímidamente con mi lengua, envuelvo su cuerpo con el mío, siento mi lengua entrar en su boca, mis dedos trepan por su espalda, juguetean entre sus cabellos, nos perdemos en un beso del cuerpo, ese beso en el que dos cuerpos danzan la música de la lujuria, que es tocada por la boca, muerdo suavemente sus labios, tomo distancia, contemplo su cuerpo y con la timidez del creyente, palpo con mis dedos sus labios, dejo que mis manos guarden el recuerdo de su rostro, beso sus labios nuevamente, tienen un aire frutado.
Mis manos buscan sus piernas, ansío recorrer sus curvas suaves y evocadoras, encarnando mis manos el deseo, danzan sobre su piel, a esta danza se conjuran unos labios ardorosos y húmedos, haciendo el mapa de sus deseos, buscando los tesoros de su piel, persiguiendo aquel deseo primigenio, ese que por veces perdemos de vista, bien por miedo o desconocimiento. La lujuria brilla entre sus piernas, pidiendo un beso, un beso del cuerpo, sus piernas se estremecen con ese llamado, su cuerpo responde con instintos antiguos, olvidados, la llama del deseo se enciende como aceite, se mezclan los olores de placer.
Mis labios se encuentran sobre el monte de Venus, besando suavemente, recordando, con una memoria instintiva siguen el camino más largo hacia su placer, invitándola sutilmente a buscar con ellos su placer, que aprenda a pedir con su cuerpo, lo que su alma anhela y persigue, besando sus labios mayores la lengua siempre tímida, busca suavemente su pequeño altar deseando un reencuentro, para rendir un tributo digno de la ocasión, labios y lengua se entregan completamente a la danza pagana en el altar del placer, dejándola a ella volar casi hasta el clímax, parar, dejando que lo haya tocado, robándola en el último instante, haciendo su deseo arder entre mis labios, junto a mi lengua.
Tomo distancia, la contemplo su cuerpo sudoroso y vibrante entre las sabanas, veo mi placer reflejado en su cuerpo, deseo más, es imposible contenerlo, desisto y me entrego nuevamente al arte de besarla, la siento hervir entre mis labios, alimento deseo con mis manos sobre su piel trémula, ella de desborda de placer bajo mi lengua, y su cuerpo queda libido de éxtasis.

Fotografía: danaScobar

Segunda parte

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Tras un manto de penumbra, sesgado por dos minúsculos fragmentos del regalo de Prometeo, entre una niebla perfumada de las lejanas indias, descansa atada a su lecho, una hermosa princesa de ropas vaporosas. Me acerco contemplando como las danzantes llamas juguetean con las sinuosidades de su cuerpo y me consume la envidia pues adoraría unirme a su danza embriagante, me demoro hago una ronda como el cazador que estudia su presa, bebo con mis ojos cada segundo de mi dicha, la música flota en el aire dando alas a mi deseo, es distante y su melancolía traza el sendero a seguir, con su ritmo me desplazo hacia el templo de su cuerpo, con reverencia y respeto dejo a mis dedos evocar, las sendas de su cintura, devorando en un roce de clandestino de sus cumbres, sumergido en su vientre con mis labios haciendo llamando, a deseos antiguos y enterrados en el desierto de su piel, recibiendo de ella un suave susurro, de placeres prohibidos de tiempos ancestrales, en los que era venerada como gran templo de la madre, un ‘no’ escapa de sus labios con el libido de la muerte, los míos le responden con determinación ‘mil anhelos de dicha se esconden tras tu piel’, vibran mis labios cerca de su oído rozándole el rostro, mientras invado sus piernas con mis manos en la exploración de lugares, donde se esconden aquellos mil regalos perdidos, que tanto alimentan mi deseo, ultrajando las barreras que los tabúes irguieron hace años, subiendo montes que ocultan tesoros, para ser besados tocados y alabados.

Bueno como ven la segunda parte, ha demorado un poco ya que nunca la había puesto en palabras, gracias por leer estas líneas de divagaciones de un romántico perdido. A veces hablando con la gente me doy cuenta que hay algo que hemos perdido, sobre estos temas me refiero, es claro que todos estamos buscando cosas en la vida y por veces con las personas que nos cruzamos y nos toca transitar los senderos de la vida debe haber una razón supongo que podemos verla o no pero es así, creo que esa en cierta forma es mi religión hay que vivir.

Fotografía: movimente