El bar

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NdE; Perdonen si este texto es un poco más largo pero es una fantasía que necesitaba contar.
Las luces del carro se apagaron a mi espalda, me acerque lentamente hacia la puerta por primera vez, desde que los papeles del bar estaban a mi nombre, disfrutando el placer de saber que aquel lugar me pertenecía, David no será bienvenido, está fuera de mi vida. La llave entro suavemente mordiendo la cerradura, es como si lo hubieran abierto recientemente y lo habían hecho, estaba vacío salvo por una mesa de billar en el fondo, deje deslizar mi mano enguantada sobre la barra mientras avanzaba hacia el fondo, la mesa era robusta de madera tallada, 'no entiendo porque el dueño anterior no quiso llevarla, es hermosa,' pensé, la luz de la calle se filtraba tímidamente por las ventas tintadas. Sentí el aire revolverse a mis espaldas.
—Doña estamos cerrados. — Sentí el calor de su cuerpo detrás de mí, no lo había escuchado acercarse, estaba sorprendida, ¿cuánto habrá visto?, me preguntaba mientras un tibio rubor me subía la mejilla, me sentí como una niña a la que habían atrapado haciendo algo malo.
—Yo, si no lo sabe soy la dueña de este local. — Dije con decisión, recobrando el temple y girándome para enfrentar el recién llegado.
Parado bajo el dosel, a escasos centímetros estaba, tallado en ébano un regalo de la naturaleza, llevaba puesta una musculosa que dejaba ver su piel invitadora, tenía un brillo aterciopelado en la tenue penumbra, despertó mi imaginación, la curiosidad se revoloteo en mi.
—Entonces, ¿qué le pongo? Mi señora. — dijo con un tono irónico y desafiante, arrancándome de mis ensoñaciones.
—Whisky, solo. — Respondí intentando no expresar lo que sentía.

Me dio la espalda desafiante, deslizándose como un gran felino tras la barra, nuestras miradas se cruzaron en el espejo, me senté frente a él, como hipnotizada por sus movimientos, yo era como una serpiente atrapada en el hechizo de la flauta. Saco una botella de The Macallan, yo no había probado ese whisky, que más se ocultaría detrás de su mirada, en ese instante decidí hoy iba a experimentar, me sentí como una quinceañera.

Aquel líquido ambarino se bebía suavemente, perfumaba el ambiente con tonos de maderas ahumadas, era evocador, estaba exquisito y era el aderezo que necesitaba para quebrar las inhibiciones que me ataban. Para cuando repare en ello la botella se evaporaba al calor de la charla y se ahogaron mis últimas dudas. Su mano rozo la mía, el contacto con su piel encendió el deseo en la mía, la sensación me cruzo la espalda, nuestros labios se hicieron eco de pasiones contenidas, mi mano se planto en su pecho con menos decisión de la que yo habría deseado.
—no...— escapo de mis labios, mas fue un suspiro, su boca se arqueo suavemente en una sonrisa cómplice, los dos los supimos inmediatamente sólo sería una vez, su boca mordió educadamente la mía, mis pensamientos se atropellaban, desistí, me entregué a él mientras sus manos avanzaban sobre mi ropa, explorando mi cuerpo, los resquicios finales de mi determinación se diluyeron en las nieblas ambarinas de sus caricias.
Lo bese nuevamente atropellada era solo una vez tenía que aprovecharla, me desesperé, mis manos tocaban ansiosamente su espalda bajo la musculosa, se interrumpió un momento, me atenazo la duda, había cometido un error, con su mano tomo las mías, me sentí desorientada y dejo que sus labios se abrieran camino entre los míos para alcanzar mi lengua, luego su boca descendía con sedosa sensualidad por mi cuello, mientras sus manos dejaban caer mi chaqueta sobre la mesa, su cuerpo envolvía el mío, él se abría paso entre mis piernas, sentía su miembro erecto contra mi piel esto encendió mi deseo.
Sus dedos eran seguros, firmes, decididos y antecedían a los deseos que mi cuerpo tenía, en la piel dibujaban con trazos precisos danzas de deseos prohibidos. Sus labios cabalgaron mi pecho, sentí sus besos sobre mis pezones erectos, agradecía los roces de su lengua húmeda de deseo, me arroje en el placer que me daba, perdí completamente el control sobre mi cuerpo y deje de resistirme para entregarme plenamente, el se lo había ganando. Su miembro estaba duro contra mi muslo, yo me mojaba en mi deseo, su mano jugaba con mi pecho, su boca besaba mi pezón, mis manos se liberaron para rodear sus nalgas, mi cuerpo ardía en placer. Dejo con suavidad caer su cuerpo junto al mío, como si el tiempo se hubiera parado para nosotros, me toco con sus ojos, estaba complacido, llevo a sus labios el vaso, dijo:
—Hacer el amor es parte ciencia, parte arte y parte magia.
Así sin retomo mi cuerpo en el lugar que lo había dejado… Solo fue una vez.

fotografía: Matutino!

Mi pequeño monstruo

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Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.
Friedrich Nietzsche

Hay días que soy así, tengo sed, ansias, tengo un hambre voraz y no importa lo que pase nada... nada lo... bueno el sexo lo calma, si esos días en los que me siento poseso, son los días que “los demonios” me acechan, me dejo llevar, me relajo y me sumerjo en esos senderos, por veces oscuros y suaves, otras claros y penetrantes, creo en vivirlos ambos, los abrazo y me entrego a ellos, los conozco.
Hay quien sentirá miedo, yo lo hice, pero solo se vive una vez...

Fotografía: Hyrise

Tarde de domingo

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Donde brillan muchas bellezas no han de ofender algunas manchas,
de las que rara vez se escapa la naturaleza humana.

Quinto Horacio Flaco

Saben había perdido la musa y en la tarde del domingo, mi vecina se pego una tarde intensa de sexo, grito… grito… y grito… y más tarde se masturbo hasta llegar, es gracioso pienso, que si ella estaba dispuesta a satisfacerse, ¿por qué no lo hizo con él?, estuvo cerca de cuatro horas solo dedicado a ella, ese era su día sí ella hubiera pedido, habría obtenido todo lo que ella deseaba.
Se puede pedir por la boca o se puede pedir con el cuerpo, con gemidos o pequeñas caricias, recuerden que también nos comunicamos con el metalenguaje del cuerpo. Si aprendemos a pedir de esta manera, podemos enriquecer mucho nuestro sexo, haciendo juegos, compartiendo historias, simplemente conociéndose con caricias, siempre acariciándose hasta enloquecer.

Sin pecado, no hay culpa

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¡Qué pena que beber agua no sea un pecado! ¡Qué bien sabría entonces!
Giacomo Leopardi


Si es cierto, debo confesar que he conocido muchas mujeres en mi vida y creo que a todas las he amado, a su manera y todas han dejado su alguna marca. La pasión es una cosa mágica, nos enciende con ardor y es probablemente el mejor afrodisiaco que conozco.
Cuando deseo enervarme a mil, me encanta salir, bailar y tomar un par de copas, lo justo para exorcizar las inhibiciones, entregándome en el frenesí de la danza colectiva, encendiendo así las mechas de mi cuerpo, invocando el deseo.
La experiencia de hacerlo de esta manera, es increíblemente sexual, lleva el aire de deseos primarios, si a además le aderezamos, con ese deseo que solo algunas personas nos provocan, si han probado ese sexo, es que han probado el sexo de muerte, cada día vivo persiguiéndolo...


Fotografía: Leeni!

Besos de Ayer: parte 3

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Dejo que mi lengua camine su piel, saboreo el gusto de su placer, abandonando me a sentir sus labios contra los míos, probando su boca tímidamente con mi lengua, envuelvo su cuerpo con el mío, siento mi lengua entrar en su boca, mis dedos trepan por su espalda, juguetean entre sus cabellos, nos perdemos en un beso del cuerpo, ese beso en el que dos cuerpos danzan la música de la lujuria, que es tocada por la boca, muerdo suavemente sus labios, tomo distancia, contemplo su cuerpo y con la timidez del creyente, palpo con mis dedos sus labios, dejo que mis manos guarden el recuerdo de su rostro, beso sus labios nuevamente, tienen un aire frutado.
Mis manos buscan sus piernas, ansío recorrer sus curvas suaves y evocadoras, encarnando mis manos el deseo, danzan sobre su piel, a esta danza se conjuran unos labios ardorosos y húmedos, haciendo el mapa de sus deseos, buscando los tesoros de su piel, persiguiendo aquel deseo primigenio, ese que por veces perdemos de vista, bien por miedo o desconocimiento. La lujuria brilla entre sus piernas, pidiendo un beso, un beso del cuerpo, sus piernas se estremecen con ese llamado, su cuerpo responde con instintos antiguos, olvidados, la llama del deseo se enciende como aceite, se mezclan los olores de placer.
Mis labios se encuentran sobre el monte de Venus, besando suavemente, recordando, con una memoria instintiva siguen el camino más largo hacia su placer, invitándola sutilmente a buscar con ellos su placer, que aprenda a pedir con su cuerpo, lo que su alma anhela y persigue, besando sus labios mayores la lengua siempre tímida, busca suavemente su pequeño altar deseando un reencuentro, para rendir un tributo digno de la ocasión, labios y lengua se entregan completamente a la danza pagana en el altar del placer, dejándola a ella volar casi hasta el clímax, parar, dejando que lo haya tocado, robándola en el último instante, haciendo su deseo arder entre mis labios, junto a mi lengua.
Tomo distancia, la contemplo su cuerpo sudoroso y vibrante entre las sabanas, veo mi placer reflejado en su cuerpo, deseo más, es imposible contenerlo, desisto y me entrego nuevamente al arte de besarla, la siento hervir entre mis labios, alimento deseo con mis manos sobre su piel trémula, ella de desborda de placer bajo mi lengua, y su cuerpo queda libido de éxtasis.

Fotografía: danaScobar